Otra Barcelona es posible

Nos pisamos los talones
Mismos conciertos,
mismos amigos,
conocidos,
amantes,
restaurantes.
Bares, parques y todos los lugares.
Sin embargo tengo que encontrarte sentada en una esquina,
para ser tu amiga a la que das la bienvenida.
Básicos
Las manzanas silvestres

“Quizás algunas, en el suelo, muestran sus rojas mejillas sobre la nieve temprana, y de vez en cuando algunas conservan incluso su color y buen estado bajo la nieve durante todo el invierno”.
Los relojes a las 4 de la tarde

Decía Saramago que no podía imaginar su vida sin su mujer: Pilar del Río, “Para mí morir es dejar de estar donde esta ella.”
En la casa que tienen en Lanzarote rodeada de viento y cal, como un paisaje lunar, apartados de todo y de todos, todos los relojes de la casa sin excepción están parados a las cuatro de la tarde, la hora en la que el escritor conoció a su mujer, Pilar del Río.
Esto lo leí hace muchos años en una revista me impresionó tanto que guardé la entrada en mi blog sin publicar, parece que la semana pasada llegó ese día y hasta hoy no he sido capaz de hacerlo. Sirva, otra vez, este ejemplo de los relojes para recordarme lo que sí es de lo que no. O mejor que todo es y que está bien como está.
Esa mano protectora que ni una espada, ni una piel de oso, Pilar qué suerte.
Sallimleh Alayh = Give him my regards
La Increíble historia de amor entre Pili y un Monstru

“Te has dejado un poco de jabón en la espalda, amor.”
Betty Misiego + Rodari + G. Fuertes = Pili Arándanos
A mi sobrina Ana que ha dejado el basquet por la danza
Esta es la historia de una niña que se llamaba Anita y que vivía en Sant Cugat. Se levantaba con los pajaritos en su ventana que le decían Pío Pío, cada mañana. Su hermana María le peinaba y ella a su vez al pequeño David.
Esta es la historia también de la pequeña Emma que vivía en Londres y cada máñana antes de desayunar escuchaba Chirp Chirp en su ventana. Su madre le hacía gachas de avena que a ella no le gustaban nada de nada y su abuela le daba galletas cuando nadie las miraba.
Mientras en Italia está Paolo que vivia en Florencia, en Via Faenza justo detrás del mercado, ayudaba a su padre en una heladería y cada mañana los pajaritos le saludaban Pio Pio en su ventana. Paolo inventó el helado de straciatela, que tiene tela.
En Tolousse vivía Vincent que estudiaba mucho cada día, quería ser astronauta o policía. Los pajaritos hacían Pi-Pi-Pi no me preguntéis por qué pero es así.
Y en Japón Piyo-Piyo escuchaba Ayko cuando su madre le estiraba el edredón. “¡Llegarás tarde!” le decía y ella siempre le sonreía.”Cinco minutos más, mamá”, le pedía.
Y este cuento se acaba en Fuenterrabía donde vivía el pequeño Juan que escuchaba desde su cuna Txio-Txio, le gustaba tanto el mar como a su padre y si me apuras como a su abuelo, algún día navegaré pensaba antes de volverse a dormir y soñaba con su propio barquito cerca de la playa.
Anita, Emma, Paolo, Vincent, Ayko y Juan son la historia de todos los niños del mundo y la del mismo y a la vez. En realidad da igual cual sea tu idioma o color de piel. ¿No crees?
Este cuento basado en una idea de Albert Uría y Claire Schmit que discutían sobre el idioma de los pájaros en Ohio hace un par de años y es -con mucha cara- un humilde homenaje a Rodari, al gran Gianni, como todo este blog, con una pizca de moño de Betty Misiego y bigotes de Gloria Fuertes.
